Gracias 2020

Estoy entendiendo a la sociedad.

Gracias al covid.

Yo le doy gracias al coronavirus.

Le doy gracias infinitas al año 2020.

Yo antes dudaba de mí mismo.

Ya no.

Ni por segundos dudo.

Este año gané toda la confianza que me hacía falta.

Es como haber dado un salto cuántico.

Me siento como nunca.

Durante toda mi vida muchas personas, cercanas, me han puesto estas etiquetas:

-Rebelde.

-Loco.

-Conspiranoico (a partir de este año).

Solo porque me dio por pensar.

Por cuestionar lo que no entiendo.

Lo que no cuadra en mi cabeza.

Por analizar los números que no dan por ningún lado.

Y es triste, en el fondo es triste.

Muy triste.

Pero igual, no es mi problema.

¡No es mi problema!

Tampoco tiene que ser el tuyo.

Y a partir de aquí empezamos nuestro viaje.

En 2019 lo único que aprendí fue:

“No puedes resolverle los problemas a nadie”.

yo mismo

Suena simple, obvio. Pero en la práctica no funciona así.

Hablar, escribir, decir, opinar, criticar es extremadamente fácil.

Por eso siempre nos han dicho que lo mejor es el ejemplo. Solo los hechos hablan, solitos.

A pesar de esto, es como si nos gustara que nos engañaran.

Y confiamos en quienes no debemos confiar, y desconfiamos de quienes no deberíamos desconfiar, así no lo creamos y digamos lo contrario, pero en el fondo, nuestras acciones lo revelan, y muchas veces cuesta aceptarlo.

No creemos, pero toca aceptar la realidad.

¿Cuál es el mejor ejemplo de personas en quienes no deberíamos confiar, que nunca cumplen lo que prometen, que ni siquiera conocemos, y aun así, nos peleamos entre nosotros, por ellos?

Y, ¿cuál es el mejor ejemplo de personas en quienes sí deberíamos confiar, que siempre luchan por cumplir sus promesas, cercanos a nuestras vidas?

No voy a responder.

Cada quien lo analiza.

Y es que a veces, o muchas veces me cuesta demasiado encontrar las palabras para transmitir mis ideas.

A veces cuando estoy viendo videos y resulta que estoy en el simulador entrenando y no tengo donde apuntar, me da algo, porque aparecen las palabras que serían munición perfecta para después, pero no me gusta parar un entrenamiento, sudado, para a escribir algo, mejor no. Y es que siempre estoy escuchando un audio, viendo un video, siempre aprovechando ese rato simultáneo con el entreno.

Luego me acuerdo de que la realidad, la verdad no puede ser comprendida a través del lenguaje, así que da igual.

Nunca podremos cambiar la percepción de la realidad de las personas.

Finalmente es una percepción.

Y el nivel de nitidez con la que la vempos depende del nivel de consciencia que tenemos.

Y ese nivel solo lo conoce cada uno.

Depende de muchas variables, como la “educación” que nos han dado desde pequeños, de la personalidad, del carácter, de las creencias colectivas que nos han inculcado y que deberíamos al menos cuestionar en algún momento, ponerlas a prueba mínimo, especialmente si no tienen sentido.

Nunca me han gustado muchas de las reglas que nos imponen para “vivir en sociedad”.

Y crecemos pensando que si no nos gustan, somos el problema. Es parte del guion implantado en nuestra cabeza.

Odio las cámaras de fotomultas por ejemplo. Son injustas. En realidad no las cámaras. Los límites absurdos. No entiendo a quién se le ocurre poner un límite de 30Km/h. Seguro nunca han manejado un carro. Y siempre he pensado en la reunión en que definieron eso. ¿Qué hablarían? ¿Cómo fue la discusión?. Alguno dijo: ” pongamos 40Km/h”, y seguro alguien más respondió, “no! ¿cómo se te ocurre?!, debe ser 30!, 40 es mucho”. En fin.

Y toda mi vida me sentí medio solo, pues la verdad nunca he tenido muchos amigos que piensen como yo. Entonces el problema debía ser yo.

Si la mayoría piensa que es así, entonces es así. Una minoría jamás puede tener la razón. Es imposible, aunque fue Mark Twain quien dijo que cuando uno empieza a pensar como la mayoría, ahí debe empezar a cuestionarse.

Tampoco me gustan los procedimientos . Una tortura. Inútiles. Castran la creatividad humana.

Tampoco he estado muy de acuerdo con el colegio y las normas que les imponen a los niños.

Las notas.

Los diplomas.

Los castigos.

Los premios.

Pero siempre crecí pensando en que es que así es el mundo y yo soy quien está mal. Que el problema era yo. Yo no me adapto, yo soy rebelde, yo yo yo yo, yo soy el problema.

Y mágicamente llega el 2020. Y me doy cuenta de que no es así.

Un día logré ver y entender que yo no soy el problema.

Apenas pasaban los meses del encierro.

Que liberación.

Apenas veo la reacción de la mayoría de las personas ante los protocolos del corona entendí que yo no estaba enfermo ni estaba mal.

Pensé, si así reaccionan frente a este tema, ¿es posible entonces que tengan reacciones similares en el resto de temas importantes?

Y mi respuesta fue un sí. Rotundo.

Haciendo retrospectiva, entendí que no había problema en no querer trabajar en una empresa donde no puedes ser tú mismo si quieres triunfar y llegar lejos, de donde ya me han echado varias veces, y no ha pasado nada.

Entendí que discutir es perder el tiempo.

Que querer tener la razón es incluso peor.

Que a la mayoría no le gusta pensar.

Es más, les gusta que piensen por ellos.

Que les den órdenes.

No importa si son absurdas.

Que así digan que quieren salir de zonas de comfort, que hay que tener buena actitud, y todo lo que tenga que ver con crecimiento y demás, etc., son solo palabras, lejos de la acción, es más, se comportan justo como lo opuesto.

Quieren seguir en la zona de comfort, piensan negativo, ven lo malo. En el fondo es así. Mejor obedecer las normas, así no sean coherentes, pero hay que obedecer.

Que estamos en un sistema desequilibrado dominado por reglas injustas, y que nunca nos enseñaron a jugarlo.

Simplemente nos educaron para es esclavos de un sistema dañado. Amañado.

Y que ya entiendo por qué está dañado.

Todo se resume, en una palabra:

MIEDO.

Es impresionante.

Brutal.

Demoledor.

Desde que nacemos nos han engañado.

En prácticamente todo.

Y hemos permitido que esto pase de generación en generación a través de los hijos.

La buena noticia es que esto está terminando.

Y se viene la nueva era del despertar espiritual de gran parte de la humanidad.

Es muy extraño cuando uno ve algo tan nítido y claro y a la vez muchas otras personas cercanas y no cercanas no.

Pues no.

No es tan extraño.

Todos estamos en caminos y vidas distintas.

Viajas al lado de personas.

Cada uno en lo suyo.

En la misma maratón pero en diferentes Km.

Algunos en el Km 1, otros en el Km30, otros el 41.

No es lo mismo y aun así es la misma carrera. Sumado a que no todos partimos a la misma vez.

Por eso tan importante aquello de no meterse en la vida de los demás, de respetar su libertad, de dejar que el otro experimente lo que tiene que experimentar, de dejarlo que goce con lo que cree lo hace feliz, de dejarlo alcanzar el éxito que cada quien define como es, de dejar ser al otro.

Pero este año, esa barrera invisible ha sido perpetrada y violentada.

No todo podía ser positivo en este año del corona.

Siempre hay dos caras de la misma moneda.

Y viene un desafío grande.

El desafío de permanecer unidos frente a un “problema” común, sin querer interferir con el otro.

Y el problema no es el virus. Esa es la excusa.

Y pasa con una palabra tan corta y simple como esta:

  • Tapabocas
  • Mascara
  • Barbijo
  • Cubrebocas
  • Bozal

Llámalo como quieras.

Un elemento que ha llegado para dividirnos, así nos cueste creerlo, un pedazo de tela tan poderoso que a pesar de que no está probado de que sirva, que no deja respirar, que causa alergias, que oculta tu sonrisa, daña tus orjeas, que repele la gente, aun así, la gente la usa pensando que están salvando el mundo.

Toda esta estrategia ha sido super bien implementada. Es meticulosamente planeada.

Y volvemos al tema anterior de la confianza, de en quienes debemos confiar y en quienes no.

Divide y vencerás.

Y el mundo seguirá más dividido. Muchísimo más. Es triste pero es verdad, y no podemos hacer nada para cambiarlo.

El tema de la máscara es mortal.

Cuando tu vecino ya te mira con ojos de que eres un agente infeccioso, potencial portador de un virus que puede matarlo a él y su familia, cuando no llevas la máscara puesta, y, te reportan a cualquiera que sea la autoridad, llámese policía, portero, celador, etc., eso ya de entrada es un irrespeto a tus derechos.

Yo ya no salgo de mi casa tranquilo pensando con quien me voy a encontrar en el ascensor.

No quiero encontrarme es con nadie.

En el supermercado, o me devuelvo, o me cambio de pasillo, pero evito la gente.

No debería ser así.

Debe ser porque no tengo inteligencia emocional.

Esa lo que siempre me han dicho.

Muy inteligente (¿quién no lo es?), pero cero inteligencia emocional.

He dejado de ir a eventos sociales donde “hay que” usar la máscara, ya no por orden política sino por concenso privado.

¿Podría haber ido? claro que sí, pero ¿para qué?, para estar yo mismo incómodo e incomodar a los demás. Por eso digo que una vez cruzada la la línea de la libertad personal, vamos a estar mas divididos cada vez.

Doloroso.

Ya no es como cuando la gente fuma, que cada quien decide si se quiere enfermar o no, pero sigue siendo una actividad libre al fin de cuentas, donde uno por respeto, se aleja a fumar solo.

De hecho, si a los gobiernos les importara de verdad nuestra salud, fumar daría cárcel, y quizás tomar alcohol, y hasta podríamos llegar a prohibir la comida chatarra y los postres, y hasta nos obligarían a comer verduras y hacer ejercicio.

Pero no, ¿llevar el bozal?, eso sí, sí o sí.

Si estás tan tranquilo de que tu máscara funciona, no debe importarte si el otro la usa o no. Cero. Cada quien es adulto responsable y maduro, debería serlo.

Lo trato de entender.

Los que no la usamos somos una bomba en potencia. Desde su óptica somos una persona peligrosa que podría matarlos.

Cuando menciono que el tema nos va a dividir, es también porque hay cosas que toca decirlas. De la misma manera como a mi me dicen conspiranoico, un término de por sí despectivo, empleado por personas que no tienen argumentos, ya estamos dividiendo. No pareciera importarles si el otro se siente mal u ofendido al llamarlo así. Dan por sentado que tienen la razón. Y por decir estas cosas, también empieza la división, pero resulta es que como ya lo dije, han cruzado la línea de la libertad personal.

A este paso ¿Que vendrá después? ¿Uniforme y que todos nos tengamos que vestir igual? Dirán imposible, pero no se dan cuenta de que hoy vivimos cosas antes impensables e imposibles.

Cada día se hace más evidente que quien la usa no es una persona arriesgada. Prefiere una vida de sometimiento, pero logrando sobrevivir al fin y al cabo, versus, una vida de autosuicidio pero libre, a pesar de que solo el 0.07% de la población ha muerto por el virus.

Y han sido muy eficaces con la estrategia:

  • Problema
  • Reacción
  • Solución

Todas tres creadas e implementadas por quienes no debemos confiar, pero pasa al revés.

Confiamos en unos desconocidos, guiando a personas que toda una vida han incumplido sus promesas, que no tienen idea de nada.

Yo la verdad prefiero morirme de una vez si me toca.

En que mundo tan cagado pretenden vivir.

Sin conciertos.

Sin reuniones tranquilas.

Sin fiestas.

Sin espacios para que el ser humano exponga su talento.

Sin abrazos.

Sin besos.

Sin sonrisas.

La verdad, pensándolo bien, no entiendo es nada al ser humano, aunque arranqué diciendo que entiendo a la sociedad, pero después de la reflexión, mejor no, o será que ser humano es diferente de sociedad. De más. No soy sociólogo ni sicólogo ni nada.

No le veo lo de inteligente.

La única forma de entenderlo es pensando que estamos en un teatro, cada uno haciendo un papel fingiendo no sé qué.

No veo otra explicación.

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